Ni cantan ni bailan, trabajan por un sueño.
Movilizan a un pueblo para cumplir el sueño de un compañero
Chicos de la escuela Florit, de Devoto, trabajaron a destajo para que uno de los alumnos más pobres –que nunca salió del pueblo– pueda ir con ellos al viaje de egresados.
María Laura Ferrero
Especial
Devoto. "Solidario" y "compañero" serán las palabras que se destacarán en las próximas libretas de calificaciones de los alumnos de sexto grado "B" del turno tarde de la escuela Carlos Justo Florit, de la localidad de Devoto, ubicada a 180 kilómetros al este de la ciudad de Córdoba.
Estos chicos de 11 y 12 años son hacedores de una cruzada solidaria que movilizó a todo un pueblo. Ellos mismos se pusieron a elaborar tierra fértil y salieron a venderla, para cumplirle un sueño a un compañero.
El próximo martes 14 el curso partirá de viaje de egresados a La Serranita, en el departamento Santa María. Pero la emoción y ansiedad por emprender este camino juntos tiene una motivación especial. Con la colaboración de los padres y gracias al trabajo en conjunto de los chicos, la división completa podrá disfrutar de unos días en ese paradisíaco paraje de las sierras cordobesas.
"El primer gestó surgió de la mamá de un alumno que había pagado la excursión, pero por cuestiones de trabajo no podrá ir. Esta familia donó la excursión a uno de los chicos con dificultades económicas, que no tenía pensado viajar. Pero luego, en una reunión, los padres de los chicos decidieron destinar los dos pases libres -que otorga la empresa de turismo- a los otros dos alumnos que tampoco podían viajar", contó Adriana Depetris, docente a cargo del sexto grado.
"Estos viajes no son educativos y los organizan los papás de los alumnos. Por eso esta actitud es para destacar. En otras oportunidades, esos lugares son vendidos o sorteados y los fondos que se sacan son repartidos entre los chicos que van", afirmó la maestra.
Pero aquí no se terminó la cuestión. La delicada situación económica que atraviesa uno de los alumnos puso en acción a sus otros compañeros. "A pesar de que había conseguido el viaje, sabíamos que no tenía ropa ni plata para ir", precisó Daniel Molinari, uno de los estudiantes de sexto grado. "Entonces empezamos a ver qué podíamos hacer para comprar lo que necesitaba, sin tener que pedir plata en nuestras casas", agregó Franco Pastore, otro de los alumnos.
Entre las distintas propuestas surgió la posibilidad de vender la tierra que ellos mismos elaboran en el Taller de Técnicas Agropecuarias, en el patio de la escuela.
El emprendimiento fue un éxito y durante unos días recorrieron las calles del pueblo con una carretilla llena de paquetes. Los chicos aclaraban a sus clientes que "además de la excelente calidad de la tierra" que estaban comprando, "cada paquete tenía un fin solidario".
"Queríamos que él viaje, porque nunca salió de nuestro pueblo. Ni conoce San Francisco (a 20 kilómetros de Devoto)", dijo Damián. "Mucha gente nos ayudó a cumplir nuestro sueño de viajar todos juntos. Por eso estamos muy contentos", agradeció el chico.
En acción. La puesta en marcha del proyecto no fue sencillo y se necesitó la colaboración de muchas personas para poder lograrlo. "En primer lugar -explicó Franco- le preguntamos a la seño Adriana qué le parecía y ella nos dijo que hablemos con el profesor del taller para ver si nos autorizaba". Y agregó: "El profe Gustavo enseguida nos prestó la pala, la zaranda y todo los que nos hacía falta".
"Durante el año, nosotros vendíamos esa tierra. La bolsa salía dos pesos y la mitad de la plata era para la escuela y la otra mitad para nosotros. Cuando le comentamos a la directora cuál era el objetivo de esta venta, ella nos dio permiso y dejó que toda la plata que juntábamos fuera para comprar la ropa", dijo Damián.
Todo el grado se puso a producir las bolsas. Mientras algunos zarandeaban la tierra para descartar los desechos, otros embolsaban el producto y el resto apilaba las bolsas en el depósito.
Estos alumnos, además de usar un excelente criterio para aplicar uno de los proyectos educativos de la institución, también pusieron en práctica otros aprendizajes. "Para vender más y ser atractivo nuestro producto hicimos promociones. Una bolsita de tierra salía dos pesos y si nos compraban dos las dejábamos en tres con 50", relató uno de los chicos.
Al comienzo llevaban la carga en la parte trasera de una bicicleta, pero el peso hizo que ninguna de las gomas aguantara. "En mi casa había una carretilla oxidada, que nos sirvió para repartir", contó Sebastián Bianciotti, otro los compañeros que colaboró. "Al principio nos daba un poco de vergüenza ir por las calles, pero cuando la gente se fue enterando por las radios del pueblo nos pusimos las pilas y hasta pasamos por el centro con la carretilla", señaló Sebastián.
A los pocos días, los alumnos consiguieron el dinero para comprar la ropa y las otros objetos que necesitaban para la excursión. Algunas de las madres los orientaron, pero fueron los propios chicos los encargados de realizar las compras.
"Con las ventas se recaudaron alrededor de 200 pesos. Compramos remeras, zapatillas, pantalones, ropa interior y campera. También nos alcanzó para los productos de higiene personal y una linterna que nos pedían en la lista", contó Damián. Por otro lado, Franco agregó que "le guardaron 20 pesos para que gaste en la excursión".