EN MEDIO DEL SILENCIO OFICIAL, EL OBISPO PIÑA DESCARTO UNA CARRERA POLITICA
“Les diría que aprendan la lección”
Tras su triunfo contra la reelección indefinida de Rovira, elobispo Piña aclaró que su participación fue sólo “en defensa de lademocracia”. La oposición, en tanto, analiza cómo posicionarse luegodel resultado, aunque admite que es muy difícil armar un frenteparecido a nivel nacional. Ningún funcionario del Gobierno salió aanalizar el resultado.

El obispo emérito Joaquín Piña, ayer, en Iguazú, donde atendió a los medios luego de su resonante triunfo electoral.
Joaquín Piña dejó en claro que el triunfoobtenido el domingo no es el principio de una carrera política –de laque se bajó ayer expresamente–, sino el cierre de una misión que sepropuso en defensa de la democracia. “El gran ganador no es Piña, es elpueblo de Misiones, la democracia, esto es lo que hay que ponderar”,indicó el sacerdote y cabeza del frente opositor que puso punto final alas pretensiones del gobernador Carlos Rovira de reformar laConstitución para obtener la reelección indefinida. El impacto de laderrota dejó sin palabras a la primera línea de los gobiernos local ynacional, mientras que la abigarrada oposición debió admitir que laalianza lograda en la provincia mesopotámica no se trasladarámecánicamente al resto del país.
Piña se convirtió en la figura de la jornada y no sólo debióexplicar los alcances del triunfo, sino también marcar los límites desu incursión política ante las especulaciones que lo hacían cabeza deuna entente para buscar la gobernación en el 2007.
“Yo tengo muy clara cuál es mi vocación. En absoluto pienso seguiren política. El Papa lo dijo hace poco, que la política es campo paralaicos. No acepté nunca ni voy a aceptar un cargo público, eso no es lomío. Insisto, esto no se vuelve a repetir, esto pasó una vez y no más.Ya tengo 76 años y me toca un poco de retiro y descanso”, cerró el temaque empezaba a entusiasmar a algunos referentes enfrentados con elFrente Renovador de Rovira.
Cuando le insistieron de los movimientos existentes para seducirlocon alguna candidatura, Piña fue al grano: “Sé que me van a tentar,pero yo sé lo que voy a hacer, soy catalán y cuando digo una cosa eshasta el final”.
El obispo emérito de Puerto Iguazú dedicó un tramo de su arenga aRovira y compañía. “Este es el gran paso de la gente, que se dio cuentaque no pueden vender su voto por una dádiva. Por encima de todo esoestá la dignidad de la persona. Yo le diría que aprendan la lección, sebajen un poquito de su soberbia, porque la soberbia es una malaconsejera”, aseveró.
Sobre su participación activa en los comicios, Piña se defendió yhasta pareció hacer una alusión a Néstor Kirchner, quien lo habíacuestionado por su incursión en la pulseada misionera. “Algunos dicenque por qué la Iglesia se mete, y lo malo sería que la Iglesia nohablase y no enseñase, el pastor es maestro también y todo esto quesucedió nos dejó enseñanzas a todos.”
En ese sentido dijo que su militancia “ha servido para que la gentevaya tomando conciencia de sus derechos, sepa cómo defenderse yorganizarse. Es propio del pastor anunciar el Evangelio, con todas susconsecuencias, no sólo es una doctrina celestial. El Evangelio –dijo–tiene una incidencia en nuestra vida práctica, no se puede separar lafe de la vida, de la vida de todos los días”.
“Yo –continuó– tuve mucha experiencia con la dictadura de (Alfredo)Stroessner, cuando viví en Paraguay, y también acá en Argentina y medije: no podemos volver a eso. Lo bueno es que encontré mucho apoyo enla gente, y está la diócesis que ha ido creciendo en estos años con elapoyo de los laicos, pero también debo reconocer que tuvo mucho apoyode mis hermanos del episcopado, prácticamente desde el cardenal JorgeBergoglio a los demás, y eso a mí me reconfortó.”
Claro que Piña rápidamente aclaró sobre el punto: “No me metí enesto porque me lo pidieron ellos, fue por decisión propia, pero haberlohecho y que me brindaran su apoyo, me reconfortó mucho. La palabrapolítica se puede entender de distintas maneras, hay una alta política,que sería la ciencia del bien común, la que nos corresponde a todos, lade los derechos humanos, de la dignidad de las personas, perolamentablemente en el lenguaje común, la gente entiende por política lapelea por el poder, la politiquería, en esa baja política, noentramos”, aseveró.
Silencio oficial
El Frente Unidos por la Dignidad de Piña le sacó 13 puntos deventaja al Frente Renovador de la Concordia Social, que lideró la primadel gobernador, Viviana Rovira. El sacerdote logró aglutinar detrássuyo a sectores heterogéneos del ámbito nacional, como el PRO deMauricio Macri, el ARI de Elisa Carrió, la CTA de Víctor De Gennaro, laCGT de Hugo Moyano, dirigentes radicales, lavagnistas y hasta JuanCarlos Blumberg.
El senador Luis Viana, peronista él pero encolumnado con el frentede Piña, explicó ayer que si bien el cuerpo de constituyentesopositores no tomó una resolución sobre la futura asamblea dijo que lespedirá que analicen la posibilidad de que no sesione para evitar gastosinnecesarios ya que allí se debe discutir un solo artículo. “El mensajefue muy claro, el no a la reforma y a la reelección indefinida”, dijo.
Viana es un legislador que tiene contacto con la Casa Rosada y unode los tantos dirigentes que sueña con la gobernación. Esa alternativaparece menos imposible ahora que se cayó el proyecto continuista deRovira.
Las encuestas fueron estrellas de la elección, por lo lejos queestuvieron de acertar el resultado. El Gobierno difundió numerosossondeos que mostraban vencedor a Rovira. Algunos veían a un gobernadortriunfante por 5 puntos, otros por 20. El único que daba ganador aPiña, y que no manejó el kirchnerismo, fue el de Opinión Autenticada(ver página 4).
Poco tiempo después de su incursión por Posadas, donde encabezó unacto de apoyo a Rovira, Kirchner decidió no retornar a la provincia detierra colorada. El dato fue entendido por la oposición como un signode que conocía las escasas probabilidades de éxito electoral.
Algunas fuentes aseguraron que militantes roviristas pensaban hacerpresencia en las calles primereando los festejos. Iba a ocurrir enmomentos en que los cómputos oficiales todavía marcaban un punto dediferencia a favor de Rovira, ya que se demoraba la entrega de datos delas zonas urbanas, donde Piña consiguió las mayores adhesiones.
Todo cerraba con las sospechas de fraude esgrimidas por laoposición. Pero una llamada desde el gobierno nacional frenó lasmanifestaciones callejeras del oficialismo. La orden de AníbalFernández habría pedido a la provincia que se ocupe de garantizar la“paz social”.
Hasta ahora Rovira se mantuvo en un silencio de radio, apenascortado por un comunicado de pocas líneas en el que aceptaba laderrota. Lo mismo Kirchner, a quien la adversidad de su aliadomisionero lo encontró en la Patagonia. Habrá que ver si hoy, en un actoanunciado en la Casa Rosada, alude directa o indirectamente al tema.Por ahora, desde el Gobierno sólo se animó a hablar Luis D’Elía, quienhizo una suerte de autocrítica.
“No se puede convocar a una constituyente por un solo artículo. Entodo caso, debe significar reformas de toda la carta o aspectos que elpueblo considere sustantivos de la constitución”, dijo el subsecretariode Tierras.
El funcionario también vio allí “un mensaje para el resto de losgobernadores que plantean reelecciones”, como (el bonaerense Felipe)“Solá, (el tucumano José) Alperovich, (el jujeño Eduardo) Fellner. Lalista es larga, es un mensaje claro en ese sentido”.
Finalmente, consideró que los comicios tuvieron “varias paradojas:uno, que Piña es un hombre de la izquierda cristiana teológica de laliberación, y el principal beneficiado parece ser Ramón Puerta. Creoque Piña no trabajó para que el menemismo accediera a instanciasejecutivas, pero por estas horas aparece como el principalbeneficiario”.
En tanto, Edgardo Depetri, diputado kirchnerista e integrantes de laCTA que respaldó a Piña, se mostró como un equilibrista. “Fue uncachetazo de la población de Misiones a la reelección de Rovira. Estoha tocado a Kirchner pero la oposición se equivoca cuando utiliza elresultado para descalificar toda la política del Gobierno, porque lamitad de los que votaron al frente opositor votarían por Kirchner”,dijo Depetri, un impulsor de la candidatura de Alberto Balestrini agobernador bonaerense, con quien compartió un acto el sábado en LaMatanza. “La oposición –concluyó– intenta hacer aparecer una derrota deRovira como una derrota de Kirchner cuando en realidad nosotros notenemos problemas electorales.”
especial de LA VOZ DEL INTERIOR DIARIO DE CÓRDOBA ARGENTINA
Sábado 28 de octubre de 2006
El kirchnerismo quedó atrapado por las sospechas
Para Bonasso, “ganar es una derrota”. Las encuestas presagian paridad. Buenos Aires. Después de nacionalizar la campaña para las elecciones constituyentesde Misiones, las horas previas a la votación encuentran al Gobiernonacional replegado y con encuestas en sus manos que indican, en elmejor de los escenarios que imagina, un empate técnico entre eloficialismo y la oposición.
Un aliado del presidente Néstor Kirchner, el diputado MiguelBonasso, fue quien mejor contextualizó ayer la situación: "Dado elestado de sospecha pública que existe en Misiones, ganar es unaderrota", afirmó, con lo que pareció sugerir que los costos políticospodrían ser mayores para el Gobierno, si el eventual triunfo de CarlosRovira es asociado por la población al diluvio de planes sociales yayuda económica que llegó desde la Nación para sostener los deseos deeternidad en el poder del mandatario provincial.
Más sugestivas todavía resultaron las expresiones del ministrodel Interior, Aníbal Fernández, quien advirtió: "El mejor honor quepodemos hacer a una provincia es dejarla que resuelva y el lunes a lamañana hablamos para que no parezca que nosotros estamos haciendo unacosa que no corresponde", después de que varios ministros, entre ellosla hermana del presidente, Alicia Kirchner, se mostraran en actos juntoal gobernador como emisarios de la Casa Rosada.
Datos de las encuestas. Los últimos sondeosdifundidos por encuestadoras nacionales y locales reflejan un escenariocomplejo para hacer pronósticos certeros: el gobernador Carlos Rovira,que aspira a una reforma constitucional que le habilite la reelecciónindefinida, goza de altos niveles de imagen positiva entre lapoblación, tan altos como el porcentaje de rechazo que registra suobjetivo de reelección eterna.
Un sondeo del Centro de Estudios de Opinión Pública (Ceop)coloca a Viviana Rovira, la prima del gobernador que encabeza la boletadel oficialista Frente Renovador por la Concordia Social, con un 44,1por ciento de intención de voto, y al opositor obispo emérito JoaquínPiña con un 38,2 por ciento, mientras que los indecisos suman un 11,8por ciento.
Las cifras cambian cuando los consultados deben opinar sobrela reforma de la Constitución provincial para habilitar la reelecciónde Rovira: el 50 por ciento se pronunció en contra, el 43,4 por cientose expresó a favor y el resto no respondió.
La consultora Equis, que trabaja para el Gobierno nacional, leotorga el triunfo a Rovira con el 50 por ciento de los votos, frente aun 35,2 por ciento del opositor Frente Unidos por la Dignidad (FUD). Enel extremo opuesto, un sondeo local realizado por Opinión Autenticadapara el frente que lidera el obispo Piña, le otorga el 51,9 por cientoal religioso, y el 45 por ciento a Rovira.
La escasa diferencia entre los candidatos, sumada al clima deacusaciones de compra de votos por parte del oficialismo y sospechas deposible manipulación de los resultados que rodearon a la campaña,vaticinan un escrutinio complejo.
Ensayista
prolifico, gran bisturí.
Página inicial / jorge majfud
Español - Francés
El fracaso de América Latina
La vasta literatura ensayística de los últimos
años ha dejado en claro una de las obsesiones
principales de la identidad latinoamericana:
explicar por qué América Latina es un continente
fracasado. Como sugerí en un escrito anterior,
antes del cómo deberíamos practicar el marginado
y subversivo por qué, ya que si el primero hace
y deshace, el segundo es capaz de ver y prever.
En este caso, el por qué representa la clave
reconocida y se asume preexistente a cualquier
cómo liberador. ¿Cómo América Latina puede salir
del laberinto de frustraciones en el que se
encuentra? A su vez, este desafiante «¿por qué
América Latina ha fracasado?» parte de un punto
fijo ?el fracaso? que se identifica con una
observación presuntamente objetiva.
Las respuestas a este interrogante difieren en
parte o en todo, dependiendo casi siempre del
mirador ideológico desde el cual se realiza la
observación. Por lo general, tesis como las
sostenidas en Las venas abiertas de América
Latina (1970), de Eduardo Galeano, explican este
fracaso fundamentalmente como consecuencia de un
factor exterior ?europeo o norteamericano? según
el cual América Latina no ha podido ser porque
no la han dejado. Una tesis opuesta, más
reciente y probablemente promovida más desde el
Norte que desde el Sur, predica que América
Latina ha fracasado porque, en síntesis, es
idiota o sufre de retardo mental. Esta tesis
extremista podemos encontrarla en libros como
Manual del perfecto idiota latinoamericano
(1996), muy recomendada por el expresidente
argentino Carlos S. Menem. Del mismo autor, de
Alberto Montaner, es un libro más serio, más
respetable y ?vaya casualidad? más respetuoso
llamado Las raíces torcidas de América Latina
(2001). El título, claro, responde a otra
obsesiva necesidad de atacar la perspectiva del
ensayista uruguayo. Hasta el momento, tenemos
tesis y antítesis, mas no síntesis. En esta
oportunidad, el escritor cubano escribe con más
altura y, aunque discrepemos con algunas
hipótesis sostenidas en el libro, aunque
encontremos páginas innecesarias o fallos
metodológicos, podemos perfectamente reconocer
algunas hipótesis, argumentos y pistas muy
interesantes. En fin, una antítesis digna, a la
altura de la ?tesis original?.
Resumiendo, podemos decir que la idea de
?fracaso? es un axioma incuestionado, aplicable
a una infinidad de análisis sobre nuestro
continente. Cada uno ve, desde su propia atalaya
y siempre de forma apasionada, diferentes
caminos que conducen a una misma realidad.
Muchos, lamentablemente, comprometidos moral,
económica o estratégicamente con partidos
políticos o con comunidades ideológicas.
Existen innumerables razones para ver un rotundo
fracaso en nuestro continente: crisis
económicas, emigración masiva de su población,
corrupción de sus dirigentes y actitud
mendicante de sus seguidores, ilegalidad,
violencia cívica y militar hasta límites
surreales, etc. Un menú difícilmente envidiable.
Pese a todo ello, debemos cuestionar también qué
significa eso que todos aceptamos como punto de
partida y como punto de llegada para cualquier
análisis, como si se tratase del centro
religioso de distintas teologías. ¿?Fracaso?,
desde qué punto de vista? ¿Se entiende ?fracaso?
en oposición a ?éxito?? Bien, ¿y cuál es la idea
de ?éxito? de una sociedad, de nuestra sociedad?
¿Es una idea absoluta o lo es, precisamente,
porque no la cuestionamos? ¿Fracasamos por no
llegar o por querer llegar y no poder hacerlo?
¿Llegar a dónde? La necesidad de ?llegar?, de
?ser? ¿es una necesidad ?natural? o autoimpuesta
por una cultura colonizada, por una mentalidad
dependiente?
Entiendo que la respuesta a estas preguntas está
fuertemente condicionada por tres ataduras: (1)
lo que hoy entendemos por ?éxito? está definido
por una mentalidad y una perspectiva
originalmente europea y, en nuestro tiempo, por
el modelo norteamericano; (2) la idea de éxito
es fundamentalmente económica y (3) la
?conciencia de fracaso? no sólo es la percepción
de una realidad adversa sino su causa también.
Cuando hablamos de éxito nos referimos,
básicamente, a cierto tipo de éxito: el éxito
económico, al status social que toda sociedad
impone sobre sus individuos. Por lo general,
cuando hablamos de una mujer exitosa nos
referimos a una profesional que desde ?abajo?
?nótese la carga ideológica que lleva cada
palabra? ha alcanzado fama, poder y dinero o ha
tomado el lugar del despreciable sexo masculino,
sin importar cuánta frustración personal le pudo
haber costado dicho ?éxito? ?concepción heredada
de la sociedad masculina?, al tiempo que dejamos
afuera de este grupo a aquellas otras anticuadas
mujeres que bien pueden ser tanto o más felices
con sus hijos y sus actividades ?tradicionales?
?o que lo fueron, antes de ser marginadas por la
nueva idea del éxito, antes que tuviesen que
sufrir el castigo de etiquetas como ?fracasadas?
o ?sometidas?. ?Nada de esto significa,
obviamente, una crítica al mejor feminismo, al
verdadero liberador de la mujer, sino a ciertas
ideologías que la oprimen en su propio nombre?
Cuando hablamos de un poeta exitoso
automáticamente pensamos en su fama literaria,
sin incluir en este grupo a aquel poeta que ha
alcanzado la felicidad con sus propios versos y
sus escasos lectores. Debería estar de más decir
que algo puede ser exitoso o fracasado según el
punto de vista que se lo mire. Desde el punto de
vista del sujeto, dependerá de sus necesidades,
expectativas y logros. Pero estos factores, de
los cuales depende la idea de ?éxito?, también
son, en una gran medida, relativos a la
mentalidad que los concibe y los juzga ?a
excepción, claro, del hambre, de la miseria y de
la violencia física.
En este sentido, podemos decir que un país donde
su población no tiene las necesidades básicas
satisfechas es un país que ha fracasado. Es muy
difícil sostener que la idea de violencia o de
hambre depende de una condición puramente
cultural, como puede serlo la idea de violencia
moral. Aunque no es imposible, claro. No
obstante, para reconocernos ?fracasados? en un
área tan vasta, compleja y contradictoria como
lo es un país o un continente ?ambas,
abstracciones o simplificaciones?, no sólo es
necesario serlo, sino, sobre todo, debemos
concebirnos como tal. Es decir, el fracaso no
sólo depende de los logros económicos sino que,
sobre todo, depende de una ?conciencia de
fracaso?. Y esta conciencia, como toda
conciencia, no es un fenómeno dado sino
construido, adquirido y aceptado.
Cuando se habla de ?éxito? se habla de economía
y raramente se toman en cuenta aspectos
cruciales para el desarrollo de un país. Por
ejemplo, la famosa apertura de la economía
española en los años ?60 es considerada por
muchos analistas como el ?momento de cambio? en
la historia ibérica del siglo XX, matriz de la
actual exitosa España. Lo cual es del todo
exagerado y equívoco, a mi entender. La
afirmación quita trascendencia a un momento más
significativo en la creación de la España
moderna: la muerte de Franco (1975), el derrumbe
de una mentalidad militarista y el fracaso de
los golpistas de 1981. Es cierto que la economía
cambió más en los años ?60 que al regreso de la
democracia. Pero no se considera la situación
medieval de España en los veinte primeros años
de la dictadura franquista, su marginación de
Europa y del mundo que la hacía inviable.
También se olvidan dos puntos cruciales: (1) El
desarrollo e, incluso, el progreso económico
sostenido de un país, a largo plazo no depende
tanto de los modelos económicos sino del grado
de democracia que sea capaz de alcanzar. Muchas
dictaduras en América Latina aplicaron modelos
semejantes de capitalismo y unas pocas de
socialismo ?sin entrar a analizar la exactitud
ideológica y práctica de cada una?; unas
tuvieron números en rojo y otras en negro,
independientemente de la mano ideológica que las
gobernaba. Por esta razón podemos entender que
el insatisfactorio grado de desarrollo de la
mayoría de las democracias latinoamericanas
demuestra que son más democracias formales que
democracias de hecho. En una verdadera
democracia, la libertad de sus ciudadanos y la
confianza en sí mismos impulsa más vigorosamente
cualquier desarrollo satisfactorio que en
aquellas otras sumergidas en una estructura
social rígida que es percibida como injusta y
opresora ?sin importar el número de
parlamentarios, de partidos políticos o de
elecciones que posea. Algunos economistas han
afirmado la teoría de que para que exista
desarrollo es necesario cierto grado de
corrupción. Hace años dije, y voy a repetirlo,
que la ética forma parte crucial de una economía
próspera, en el sentido que establece reglas más
justas de juego y, por ende, confianza en un
sistema y en un país. Basta con recordar que el
crédito se basa en la confianza, que los
esfuerzos personales y sociales dependen también
de este mismo sentimiento. (2) Por último, una
observación puramente ética: el ?éxito
económico? sería dinero sucio si su causante
fuera una dictadura despótica y genocida, lo que
representa un rotundo ?fracaso social?. Es por
ello ?y atando este punto con el anterior? que
no bastaba con cierto ?éxito económico? en la
dictadura de Franco o en la de Pinochet o en la
de Stalin, para generar un desarrollo social ?o
puramente económico, si más les gusta? que sea
sostenible en el tiempo.
Es por esta razón que considero que el sostenido
desarrollo económico de Estados Unidos le debe
más a la percepción que han tenido sus
ciudadanos de su democracia que a las puras
fuerzas de un variable sistema económico que, de
forma groseramente simplificada, llamamos
?capitalismo?. Bastaría con imaginar el
capitalismo norteamericano con un gobierno de
Pinochet ?ejercicio que hoy en día no es tan
difícil de hacer?. Bastaría con imaginar qué
hubiese sido del inmenso desarrollo material de
este país con una estructura social opresiva,
caudillezca, patricia y politizada como la
latinoamericana.
Ahora, ¿qué significa que Estados Unidos es un
país exitoso? Si Estados Unidos es un modelo a
seguir por otros países latinoamericanos sólo se
debe a su ?éxito económico?. Podemos ir un poco
más allá y decir que Estados Unidos también ha
tenido éxito en otras dimensiones: en diferentes
tipos de servicios ?más ?socialistas? que el que
se puede encontrar en cualquier país que se
precie de serlo?, cierta organización más justa
de su población en lo que se refiere a las
oportunidades de trabajo, la ya clásica
concepción de la ley del angloamericano, etc.
Pero cuando hablamos de ?éxito? mantenemos en
nuestras mentes la referencia exclusiva a la
economía.
Deberíamos, en cambio, ser un poco más precisos.
Estados Unidos ha tenido éxito en el área X,
entendiendo ?éxito? desde un punto de vista Y.
Podríamos decir que este exitoso país ha
fracasado en otras áreas ?desde un punto de
vista Y? e, incluso, que ha fracasado en todas
las áreas desde un punto de vista Z. Por
ejemplo, desde un punto de vista propio,
occidental, ha fracasado en su lucha contra el
consumo de drogas ?legales e ilegales?, en el
control de una ansiedad consumista reflejada en
el inigualable nivel de obesidad de sus
habitantes, en el acceso igualitario a la salud,
en aceptar legalmente a millones de inmigrantes
hispanos que están aquí desde hace muchos años,
con más obligaciones que derechos pero
sosteniendo una economía ?y la economía de sus
países de origen, remesas mediante? que sin
ellos caería en una de las peores crisis
económicas de su historia y, por ende, de su
famoso ?éxito?, etc. Desde un punto de vista no
occidental, por ejemplo, se puede decir que
también ha fracasado en su lucha contra el
materialismo, en su lucha contra la neurosis
consumista, etc. Compartamos o no estas
afirmaciones, debemos reconocer que son
totalmente válidas desde otros puntos de vista,
desde otras mentalidades, desde otras formas de
concebir el éxito y el fracaso.
Por su parte, América Latina es un continente
aún más vasto, más heterogéneo y más
contradictorio, con países que comparten
elementos culturales comunes y a veces
irreconocibles. Quizás lo que identifica a
América Latina es la idea ?no carente de
ficción? de una historia, de un destino común y
de la idea o la conciencia del fracaso. Esta
conciencia nos viene desde tiempos de la
conquista, claro, y luego de la ?independencia?,
de José Artigas y de Simón Bolívar[1].
Pero esta idea de fracaso no siempre fue tan
unánime como se la considera hoy en día. El Río
de la Plata, por ejemplo, vivió por largas
décadas, a finales del siglo XIX y principios
del siglo XX, quizás hasta el año 1950, en la
conciencia del ?éxito?. En mi país, la expresión
más popular de estos tiempos fue la mítica frase
?como el Uruguay no hay?, y los Argentinos
podrían decir lo mismo, más si consideramos que
hasta los años ?60 estaba a la par de Canadá y
Australia en desarrollo científico, hasta que el
dictador Onganía dijo que iba a arreglar su país
expulsando a todos los intelectuales ?lo que
efectivamente hizo. Por otro lado, y aunque el
paisaje social y urbano chileno no se diferencie
mucho del argentino o del brasileño, es harto
conocido que Chile goza de cierto reconocimiento
en lo que se refiere a su economía. Al menos así
es visto por muchos chilenos, por muchos países
vecinos y, naturalmente, por muchos analistas
norteamericanos. Sin embargo, y en contra de los
propios deseos de los chilenos, la idea de
?fracaso? como distintivo de país
latinoamericano sobrevive en la obsesiva
comparación con países europeos, por ejemplo.
Todo esto quiere decir que no basta con tener
una economía ?exitosa? para salvarse de la
percepción del fracaso ?es decir, del fracaso, a
secas. ¿Por qué? Porque esta conciencia, como lo
sugerimos más arriba, no sólo depende de una
realidad sino de una construcción cultural y
psicológica, lo que relativiza mucho la idea de
?éxito?. Sin duda, muchos países más pobres que
Argentina poseen una ?conciencia de fracaso?
mucho menor que la de los propios argentinos.
Porque es necesario ?asumirse fracasado? antes
de ?ser un fracasado?. No podemos decir que el
pobretón de Mahatma Gandhi era un fracasado, no
podemos decir que los ?miserables? que vagan por
el Ganges sean fracasados si poseen una
?conciencia de superación?. Hace casi diez años
uno de mis personajes más difíciles de
comprender por mí mismo, me hacía decir: «Los
occidentales consideran que un pobre sin
aspiraciones económicas y pasivo ante su
pobreza, carece de espíritu de superación. Y
los desprecian por ello. En India y en Nepal
ocurre estrictamente lo contrario. Para ellos,
un renunciante, alguien que ha abandonado todas
las comodidades del mundo material y que no
aspira a más que a unas limosnas, es un hombre
con ?espíritu de superación?. Y los aprecian
por ello»
América Latina no es India ni es Nepal. Tampoco
es África. Tampoco es Angloamérica. América
Latina ni siquiera es América Latina, sino ?como
todo? aquello que se asume ser.
América Latina dejará de ser un ?continente
fracasado?, a mi entender, cuando (1) deje de
definir su fracaso en función del ?éxito? ajeno
y de la definición ajena del ?éxito?, (2) cuando
abandone su retórica de izquierda y su práctica
de derecha que le impiden tomar conciencia de
sus propias posibilidades y de su propio valor y
(3) cuando se revele contra su propia tendencia
autodestructiva.
¿Debemos tomar conciencia, entonces, como paso
previo? La idea de una necesaria ?toma de
conciencia? puede ser muy vaga, pero es vital y
del todo inteligible en el pensamiento de
educadores como Paulo Freire y del ensayista
José Luis Gómez-Martínez.
Advirtiendo que ?tomar conciencia? puede tener
significados opuestos ?y hasta arbitrarios, si
elegimos nosotros el objeto de conciencia
ajeno?, sintetizo el problema de esta forma:
tomar conciencia significa salirse de su propio
círculo. Lo digo desde un punto de vista
cultural y estrictamente psicológico: toda ?toma
de conciencia? se produce cuando nos ?salimos?
de nuestro propio círculo, cuando somos capaces
de ver un poco más allá de lo que vemos
habitualmente, más allá de lo que nos rodea;
cuando somos capaces de pensar más allá de los
límites en los cuales hemos crecido, más allá de
los límites que nos ha impuesto nuestra propia
cultura y nuestra proponía educación, nuestra
propia forma de entender el mundo. Siempre que
nos salimos de nuestro propio círculo estamos
operando una nueva toma de conciencia,
independientemente del éxito o del fracaso de
nuestras economías. Para un mejor desarrollo es
necesaria una conciencia más amplia. Pero pensar
que el éxito económico por sí mismo es una
prueba de una conciencia superior o más amplia
no sólo es una antigua arbitrariedad religiosa y
una más moderna arbitrariedad ideológica, sino
lo contrario de una ?conciencia superior?: es
miopía espiritual.
Jorge Majfud
The University of Georgia
14 de junio de 2004
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